viernes, 29 de mayo de 2009
Yo solía vivir mi vida como si estuviera subida a una escalera. Todos estaban por encima de mí despertando temor o envidia,o por debajo de mí despertando lástima. Dios se hallaba mucho más arriba, fuera del alcance de mi vista. Esa manera de vivir era dura y solitaria porque dos personas a la vez no pueden permanecer cómodamente en el mismo peldaño por mucho tiempo.
Cuando llegué a Al-Anon, encontré mucha gente que había decidido bajarse de la escalera para entrar al círculo de la hermandad. En este círculo todos estábamos en igualdad de condiciones, y Dios estaba justo en el centro, fácilmente accesible. Cuando llegaban personas nuevas, no nos preocupábamos por reorganizar nuestras posiciones, simplemente agrandábamos el círculo.
Hoy día ya no idolatro ni desprecio a nadie. Puedo mirarlos directamente a los ojos. Hoy, ser humilde significa bajarse de la escalera para no juzgarme a mí mismo ni a los demás, y tomar el lugar que me corresponde en un círculo universal de amor y ayuda.
Recordatorio para hoy
Mis pensamientos son mis maestros. ¿Me están enseñando a amarme y a apreciarme a mí mismo como también a los demás, o me están enseñando a poner en práctica el aislamiento? Hoy elegiré mis maestros con mucho más cuidado.
Vive y deja vivir' nos libra de la inclinación irresistible a criticar, juzgar, censurar y desquitarnos... nos puede perjudicar mucho más a nosotros que a aquellos contra quienes utilizamos dichas armas. Al-Anon nos enseña la tolerancia arraigada en el amor.
¿Qué es Al-Anon?
Pensé que si dejaba de asumir las responsabilidades del alcohólico, él dejaría de beber. Cuando el problema de la bebida pareció empeorar en vez de mejorar, pensé que una vez más yo había procedido mal. Estaba aún tratando de controlar la enfermedad del alcoholismo y sus síntomas. Al-Anon me ayudó a comprender que soy incapaz de impedir que el alcohólico siga bebiendo. Si decido no contribuir más al problema, lo hago porque parece ser la manera correcta de proceder, algo que me hará sentir mejor conmigo misma.
Cuando cambie mi comportamiento, quizás los que me rodean también cambien el suyo pero no hay garantías de que esos cambios sean de mi agrado. Hoy estoy aprendiendo a tomar decisiones porque son buenas para mí y no por el efecto que puedan tener sobre otros.
Recordatorio para hoy
Es difícil dejar de comportarme como en el pasado, pero con la ayuda de Al-Anon puedo ser la que rompa el hábito. Puedo decidir hacer lo que crea conveniente para mí.
Tienes que pensar en vivir cada día del modo que creas te haga estar contenta con tu vida.
Jane Seymour
La mayoría de nosotras crecemos y continuamos en los roles que adoptamos en nuestra familia de origen. Para muchas mujeres que aman demasiado, esos roles a menudo implicaban negar nuestras propias necesidades e intentar satisfacer las de otros miembros de la familia. Tal vez las circunstancias nos obligaron a crecer demasiado rápido, a asumir prematuramente responsabilidades de adultas porque nuestra madre o nuestro padre estaban demasiado enfermos física o emocionalmente para cumplir con sus funciones propias. O quizás alguno de nuestros padresestuvo ausente debido a su muerte o a un divorcio y nosotras tratamos de tomar su lugar, ayudando a cuidar tanto anuestros hermanos como al progenitor que nos quedaba. Tal vez nos convertimos en la madre de la familia mientras nuestra madre trabajaba para mantenemos. O quizá vivimos con ambos padres, pero debido a que uno de ellos estaba furioso o frustrado o infeliz y el otro no reaccionaba a eso con apoyo, nos encontramos en el rol de confidentes, oyendo detalles de su relación que eran demasiada carga para que pudiéramos manejarla emocionalmente. Escuchábamos porque teníamos miedo de las consecuencias que podrían aquejar al progenitor que sufría si no lo hacíamos, y miedo de la pérdida de amor si no cumplíamos el rol que nos había tocado en suerte. Por eso no nos protegíamos, y nuestros padres tampoco nos protegían, porque necesitaban vernos más fuertes de lo que éramos en realidad. Si bien éramos demasiado inmaduras para esa responsabilidad, terminamos protegiéndolos a ellos. Al ocurrir esto, aprendimos a edad demasiado temprana y demasiado bien a cuidar a todos menos a nosotras mismas. Nuestra propia necesidad de amor, atención, cariño y seguridad quedó insatisfecha mientras fingíamos ser más poderosas y menos temerosas, más adultas y menos necesitadas, de lo que realmente nos sentíamos.
“Las mujeres que aman demasiado” Robin Norwood
domingo, 3 de mayo de 2009
De pronto me di cuenta de que gran parte de mi celosa aplicación del programa ha sido el ejercicio de mi propio poder limitado. Con una nueva y sincera humildad le pedí a Dios que me librase de mis culpas. Cuando vi a la alcohólica la mañana siguiente fue como si se hubiese quitado un velo de mis ojos. La vi sufrir, luchando para estar sobria, y tuve compasión también por mi propia lucha. Mi autocompasión y resentimiento habían desaparecido.
Recordatorio para hoy
Quiero estar preparado para librarme de mis culpas y haré lo que pueda para prepararme. Puedo tomar conciencia de mí mismo sin enjuiciarme, aceptar lo que descubro y estar enteramente dispuesto a cambiar. Pero carezco del poder de curarme. Sólo mi Poder Superior puede hacerlo.
Acepto el hecho de que necesito ayuda para recobrar mi sano juicio y que no puedo lograrlo sin ayuda.