miércoles, 17 de febrero de 2010
Llegué a AI-Anon confundido sobre lo que era y lo que no era mi responsabilidad. Hoy, después de mucho trabajo con los Pasos, creo que soy responsable de lo siguiente: de ser leal a mis valores, de satisfacerme a mí mismo primero, de mantener una mente abierta, de desprenderme emocionalmente con amor, de librarme de ira y resentimientos, de expresar mis ideas y sentimientos en lugar de reprimirlos, de asistir a las reuniones de AI-Anon y mantenerme en contacto con los amigos de la hermandad, de ser realista en mis expectativas, de tomar decisiones sanas Y de estar agradecido por las cosas buenas.
También tengo determinadas responsabilidades hacia otros, dar la bienvenida a los recién llegados, prestar servicios, reconocer que otros tienen el derecho a vivir sus propias vidas, escuchar no sola mente con mis oídos sino también con mi corazón, y compartir tanto mi alegría como mi dolor.
No soy responsable del alcoholismo, la sobriedad, el trabajo, el aseo, la dieta, la higiene dental u otras decisiones de mi ser querido alcohólico. Es mi responsabilidad tratar a esta persona con cortesía, dulzura y amor. De esta manera ambos podremos crecer.
Recordatorio para hoy
Hoy, si me sintiera tentado a inmiscuirme en algo que no es de mi incumbencia, podría desviar la atención hacia alguna manera de atenderme a mí mismo.
"Tengo una responsabilidad primordial para conmigo mismo: hacer de mí la mejor persona posible. Entonces, tendré algo que valga la pena compartir."
Viviendo con un alcohólico sobrio
viernes, 29 de mayo de 2009
Este es un lema de dos partes. Al abordar el alcoholismo, muchos nos concentramos en la última parte del lema, el "deja vivir". Al habernos sentido tan responsables de las decisiones y acciones de otra gente, puede hacerse cuesta arriba otorgar a otros la dignidad de adoptar decisiones por sí solos y permitirles afrontar los resultados. Usamos este lema para recordar dejados en paz y "dejados vivir". Así se benefician todos. Las personas en nuestra vida se benefician porque al fin obtienen el respeto que les corresponde como seres humanos. Ahora son libres de recoger los frutos de sus esfuerzos positivos y de cosechar las consecuencias de su comportamiento más destructivo. Sea lo que sea que decidan hacer, al ocupamos de nuestros propios asuntos y salimos del camino, permitimos que otros sean lo que son. Al mismo tiempo nos liberamos de todo tipo de cargas ajenas. Nosotros tenemos también la oportunidad de encaramos a nosotros mismos.
Aquí entra la otra parte del lema, el "Vive". Muchos hemos sufrido mucha negligencia como resultado de la enfermedad familiar del alcoholismo, gran parte de ella con respecto a nosotros mismos. Distraídos o consumidos por los problemas de otros, descuidamos nuestros cuerpos, almas y espíritus. Los padrinos y otros amigos de Al-Anon pueden ayudamos a encontrar el camino para satisfacer necesidades no reconocidas o satisfechas en el pasado. Este lema nos alienta a realizar esfuerzos especiales para tratamos bien. Nos recuerda que forjar una vida para nosotros mismos, independientemente de lo que hacen o dejan de hacer otros, debe convertirse en la máxima prioridad. Los demás no son los únicos que merecen nuestro respeto. Nosotros también merecemos tratarnos con dignidad. Tenemos el derecho de "Vivir", y es por cierto nuestra responsabilidad hacerlo.
Cuando pensamos que ya no hay opciones y que nada funciona como esperamos, cuando no sabemos qué hacer o no podemos imaginaré se puede hacer, podemos "Soltar las riendas y entregárselas a Dios".
Cuando la vida funciona sin sobresaltos y probamos nuevas ideas y acciones estimulantes, podemos recordar Quién está a cargo de los resultados y "Soltar las riendas y entregárselas a Dios". Cuando un amigo de Al-Anon atraviesa momentos difíciles y no sabemos cómo demostrar nuestro apoyo, lo único que debemos hacer es decirle que estamos disponibles y "Soltar las riendas y entregárselas a Dios". Este lema nos permite reemplazar la tensión, la preocupación y el sufrimiento por serenidad y fe. Está bien distenderse y dejar que la vida siga su curso. Podemos estar seguros de que las respuestas, las decisiones, las acciones y los pensamientos que necesitamos llegarán a nosotros cuando sea el momento porque los hemos colocado en manos de nuestro Poder Superior.